Esplendor, crisis y reconstrucción
de la alternativa comunista
3. La crisis de la alternativa comunista. El fracaso de cuatro "socialismos"
Lejos de mí la intención de esquivar la más incómoda de las cuestiones incluidas por los organizadores de las IV JORNADAS INDEPENDENTISTAS GALEGAS Comunismo ou Caos en el título del tema que me asignaron: la de la crisis de la alternativa comunista.
Crisis pluriforme porque no se limita a la caída e implosión de la URS y de los Estados del Este. Utilizaré para tratarla la transcripción de parte de un texto de 1995 de mi compañero de la RED VASCA ROJA Iñaki Gil de San Vicente que ya he citado antes: ¿Ha fracasado el socialismo? Una pregunta desde y para Euskal Herria (véase en la web de la RED VASCA ROJA).
Dice allí Iñaki que:
"3.1 ¿Qué socialismo ha fracasado?
La forma misma de plantear la pregunta indica que pienso que algún socialismo ha fracasado. Es cierto que una forma material, histórica, de algo que se denomina socialismo ha fracasado. Diré más: han fracasado cuatro formas de socialismo. Ya sé que semejante tesis puede llevar a risa y a una crítica barata: mal de muchos consuelo de tontos. Dicho de otra forma: cuantos más socialismos hayan fracasado menos responsabilidad tendremos en la derrota del nuestro. Echamos la aguja del socialismo en el pajar de las derrotas, y en paz.
Pues no. Se trata justo de todo lo contrario. Se trata de comprender la evolución real de una lucha histórica mantenida con altibajos pero sin interrupciones a escala mundial durante los últimos 150 años. Una perspectiva así, marxista, nos enseña que efectivamente han fracasado cuatro socialismos: uno, el socialismo utópico que hizo crack en 1871; dos, el socialismo de la II Internacional o socialdemocracia que se hundió en 1914; tres, el socialismo eurocomunista que estalló a mediados de los años ochenta y cuatro, el socialismo stalinista o soviético, que está muriendo en estos momentos.
Podríamos decir que estos socialismos son ramas que nacen de un tronco y se secan mientras que el tronco continúa, debilitado pero continúa. Esta metáfora tiene sus inconvenientes pero nos permite hacernos una idea aproximada del largo, tenso e intenso proceso histórico que se remonta a las primeras utopías, planteamientos reformistas y revolucionarios, componentes y contenidos comunalistas y/o comunistas dentro de las religiones monoteístas, etc. El tronco se ha desgajado muchas veces, ramas enteras han caído al suelo derribadas por los huracanes contrarrevolucionarios, pero el tronco se ha recuperado una y otra vez respondiendo siempre a las exigencias del momento.
Cada crisis ha supuesto, de principio, una amarga e intragable situación de derrota, desconcierto y desilusión en muchos sectores pero, después, se ha producido siempre una recuperación de la práctica y de la teoría sobre mejores bases, aprendiendo de los errores pasados y conociendo mejor el presente. Hasta ahora siempre ha sucedido así. ¿Por qué tiene que seguir sucediendo ahora? ¿No hemos llegado al final de la historia, como dice la burguesía? O sea, ¿no hemos sido definitivamente derrotados? Más adelante responderemos a estas preguntas. Ahora nos interesa continuar con el tema que tratamos.
Antes de pasar al análisis de las causas de la muerte del socialismo stalinista tenemos que decir una cosa: a los cuatro socialismos les ha unido mucho más de lo que les ha separado. Les ha unido al tronco el que en su nacimiento se proclamaron socialistas e incluso se enfrentaron con mayor o menor decisión al capitalismo y el que, para hacerlo, debían disponer de una teoría común que aunque ha tenido componentes marxistas en su formulación abstracta y oficial, con el tiempo quedó arrinconada y negada por la práctica reformista.
Les ha separado el que cada uno de los socialismos criticaba duramente al anterior ya hundido en la senda reformista, mientras que éste colaboraba conscientemente con la burguesía en combatirle hasta la muerte con la excusa de su "ultraizquierdismo" y radicalidad. Hay que decir que cada rama del tronco ha tenido que crecer luchando contra la vieja rama ya podrida, perdiendo fuerzas y debilitándose en extremo. Ello ha tenido, lógicamente, efectos prácticos de largo alcance que se han plasmado en disparidades teóricas externas y superficiales que ocultaban las similitudes esenciales de fondo a las que nos hemos referido.
Hay tres razones para explicar las dificultades que han encontrado, lo que les une y lo que les separa:
porque toda práctica y teoría socialista ha de ir siempre contracorriente, con los problemas que ello acarrea y más en los momentos de cambios importantes dentro del sistema social.
porque en contra de lo que se piensa, la teoría marxista ha sido una gran desconocida para casi todos ellos, a excepción parcial del eurocomunismo.
porque todos ellos han generado determinadas burocracias y castas elitistas internas dominantes interesadas objetiva y materialmente en pactar con sus enemigos de clase.
Siempre en cada uno de esos socialismos ha habido corrientes izquierdistas, radicales y revolucionarias que han luchado por superar las trabas burocráticas y las prácticas reformistas. Ellas han mantenido vivo y presente el legado y la memoria histórica, han sido las que han actualizado y recuperado la razón teórica y las que han pasado el testigo revolucionario a las generaciones militantes posteriores.
No podemos analizar ahora las causas de los fracasos del socialismo utópico, de la socialdemocracia y del eurocomunismo, pero veremos cómo al estudiar la muerte del socialismo stalinista, y sobre todo en las páginas siguientes, descubrimos determinadas constantes que variando en la forma mantienen en el contenido los mismos problemas irresueltos y errores reiterados. Es así porque el socialismo stalinista no rompió el cordón umbilical que le ataba a la socialdemocracia y al socialismo utópico en cuestiones centrales en las que sí había roto tajante y contundentemente el marxismo desde 1843.
Pero ¿qué es el socialismo stalinista? Es el socialismo que se elaboró teóricamente en la URSS a partir de finales de los años veinte de este siglo. Podemos rastrear fácilmente su proceso de formación teórica: a partir de 1927, ilegalizada ya toda oposición política, se construye una legitimación del poder absoluto de la burocracia dominante; se teorizan las tesis de la "burguesía progresista", supremacía de la industria pesada, "socialización" forzada del campo, etc.
Para comienzos de los años treinta existe ya la trilogía del "Estado socialista", del "socialismo en un sólo país" y de la "ciencia marxista-leninista"; en 1934 Stalin expone en una charla con un periodista norteamericano la idea central de la colaboración internacional con la burguesía; en 1936 se afirma oficialmente que la URSS ha concluido ya la fase de construcción del socialismo; en 1937 se liquida toda oposición torturando y fusilando a la vieja dirección bolchevique que dirigió la Revolución de Octubre; en 1938 se escribe el famoso "Manual de historia del PCUS".
Esta construcción teórica respondía a una previa evolución social y práctica que en su germen venía de antes de la revolución y que creció posteriormente pese a los intentos de muchos revolucionarios de varias corrientes por frenarla y derrotarla. Podemos resumir las fuerzas sociales y factores históricos que impulsaron ese proceso de la siguiente forma:
1) el débil desarrollo socioeconómico, cultural, teórico y político del imperio ruso y la reducida clase obrera en su interior.
2) los terribles costos de la Primera Guerra Mundial y de la invasión burguesa internacional con doce ejércitos de otros tantos Estados en ayuda de la contrarrevolución interna.
3) los costos menos aparentes al principio pero demoledores a medio plazo del cerco y boicot económico internacional.
4) la burocratización bolchevique simultánea a la muerte de sus mejores cuadros en la guerra y a la entrada de muchos "militantes" oportunistas y cultos, y de otros muy poco o nada formados -la mitad del PCUS era analfabeta a comienzos de los años veinte- que jamás militaron en la clandestinidad.
5) la creación de una casta dominante simbiotizada con el aparato burocrático formada por antiguos burgueses, nobles, intelectuales, técnicos, etc., que penetran en los aparatos fundamentales y apoyan fanáticamente a la fracción stalinista en el PCUS.
6) la represión paralela de toda iniciativa social, obrera, popular, sindical y de los soviets, artística, cultural, ecologista, sexual, feminista, etc.
7) el renacimiento del nacionalismo gran-ruso.
Como consecuencia de todo ello se creó un "socialismo" muy preciso en sus componentes teóricos, políticos, filosóficos, etc., que podemos resumir en los siguientes puntos:
a) negación total de la práctica histórica anterior como campo de conocimiento científico-crítico y su reducción a simple baúl de recetas dogmáticas incuestionables.
b) mitificación y sobrevaloración de las fuerzas productivas en su sentido más industrialista y de producción pesada, despreciando toda dialéctica con la naturaleza y creyendo contra toda lógica en el mecanicismo de la historia abstracta, coincidiendo esencialmente con la socialdemocracia en esta cuestión.
c) mitificación del Estado como instrumento omnipotente y omnisciente, retomando del socialismo utópico y de la socialdemocracia esa mitificación, con la obligada minusvaloración de las masas y de su papel conscientemente director.
d) dogma de la posibilidad de construcción del "socialismo en un sólo país", contraviniendo y negando teórica y prácticamente toda la trayectoria socialista anterior y especialmente la marxista, con consecuencias globales desastrosas.
e) aceptación de la teoría antimarxista de que el dinero, la mercancía y la ley del valor son válidos y necesarios en el socialismo, multiplicando así las causas objetivas de la alienación, división del trabajo intelectual y manual, división de la ciudad y del campo y, lo que es fundamental, sentando las bases objetivas y subjetivas para la restauración brutal del capitalismo.
f) recomposición y recuperación del patriarcado, sexismo, machismo y misoginia adaptado a las nuevas condiciones sociales.
g) formación de una casta burocrática que no llegó a constituirse en clase social porque ello le obligaba a suprimir totalmente y de forma irreversible los logros cualitativos de la revolución.
A excepción de Cuba por sus especiales y únicas condiciones nacionales e históricas, la totalidad de restantes procesos revolucionarios que optaron por el modelo "soviético" -de soviético en realidad nada pues los soviets fueron disueltos por el stalinismo- han copiado cada una y todas de esas características. Cuba también ha copiado bastantes de ella pero está demostrando gran capacidad de autocrítica y democratización verdaderamente socialista.
En suma, ha fracasado una estrategia precisa de transición al socialismo y al comunismo que comenzó en 1917 pero que para 1920 mostraba ya serias debilidades e inquietantes peligros de degeneración, como el mismo Lenin advirtiera al definir él personalmente a comienzos de 1921 a la URSS como "Estado obrero burocráticamente degenerado".
Ha fracasado esa verdadera degeneración del socialismo que creció sobre varios millones de revolucionarios asesinados por la burocracia del PCUS como lo reconoció el propio Kruschov.
3,2.- ¿Qué le ha hecho fracasar a ese socialismo?
Las razones del fracaso del socialismo stalinista nacen en parte de semejante confluencia y de los límites objetivos de sus características internas, aunque no son las únicas razones. Hay que considerar también las sucesivas estrategias y tácticas imperialistas para derrotar los procesos revolucionarios mundiales, aislar, debilitar y derrotar a la URSS, la función impresionante de la socialdemocracia, etc. La burocracia del Kremlin ha sido responsable de muchas victorias capitalistas en Estados estratégicos para el imperialismo, reforzando así una espiral destructora que aún no ha terminado."
Interrumpo aquí la transcripción de la exposición de Iñaki Gil de San Vicente sobre las causas del fracaso del socialismo stalinista para insertar una aportación mía parcialmente publicada en 1994 que desarrolla y detalla la frase de Iñaki que en el párrafo anterior dice: "Hay que considerar también las sucesivas estrategias y tácticas imperialistas para derrotar los procesos revolucionarios mundiales, aislar, debilitar y derrotar a la URSS"
Esta aportación mía dice lo siguiente:
A. Por fin, 74 años después y al tercer intento, los Estados capitalistas han vencido al Estado surgido de la Revolución rusa de octubre de 1917.
Vayamos por partes. Es un hecho muy evidente que la URSS ha sido vencida por los Estados Unidos en la llamada guerra fría. Es un hecho tan evidente porque ha sido muy visto por muchos. El hundimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que le ha llevado a su desaparición como entidad estatal de la escena internacional y en su propio territorio y a la desmembración del mismo entre más de una docena de nuevos Estados independientes, fue simbólicamente presenciado en directo por televisión por cientos y cientos de millones de personas.
Y ello tanto al comienzo de ese hundimiento, cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín, como al final de ese hundimiento, cuando la noche de la Navidad de 1991 se arrió en el Kremlin de Moscú la bandera roja con la hoz y el martillo.
Ese hundimiento y desaparición de la URSS ha ido acompañado, precedido y seguido por la desaparición del Pacto de Varsovia y por la espectacular conversión al capitalismo de los países antes llamados comunistas que eran firmantes de ese Pacto. Y que ahora se esfuerzan por obedecer aplicadamente las órdenes y las instrucciones de esas herramientas internacionales básicas del sistema capitalista que se llaman Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y OTAN. Para que esa obediencia les ayude a conseguir su benevolencia como requisito para que les ayuden técnica y financieramente a convertirse en lo que ahora ansían ser: Estados capitalistas de pro.
Todo eso es cierto. Más que cierto, es evidente. Pero todo eso significa que los Estados capitalistas han conseguido por fin, después de varios intentos realizados a lo largo de setenta y cuatro años, vencer militarmente al Estado surgido de la Revolución Rusa de Octubre de 1917.
Nada más implantarse, en 1918 y durante los años siguientes, el Estado soviético tuvo que sufrir el ataque y la invasión militar de los Estados capitalistas que pretendieron aplastar la Revolución Rusa por la fuerza. El Estado capitalista alemán volvió a atacar incluso después del armisticio firmado en Brest-Litovsk y había tropas francesas hostiles a los bolcheviques en el Mar Negro y en Crimea. El 5 de abril de 1918 tropas japonesas desembarcaron en Vladivostock llegando rápidamente tan dentro de Siberia como hasta el lago Baikal y tardarían más de cuatro años en reembarcar. A finales de junio de 1918 se produjo el primer desembarco inglés en Murmansk. A primeros de agosto hubo un desembarco anglo-francés en Arkángel y durante ese mes tropas norteamericanas se unieron a las francesas, inglesas y japonesas. En Vladivostock, concretamente, desembarcaron dos regimientos norteamericanos. En la segunda mitad de 1918 la suma de 400.000 soldados extranjeros perfectamente armados y entrenados con los 700.000 soldados de las tropas regulares bajo mando de los generales zaristas permitió a la contrarrevolución controlar las tres cuartas partes del territorio. En 1919 había dieciséis países capitalistas ayudando a los rusos zaristas y haciendo al Estado soviético una guerra (con tropas propias, con ayuda en dinero y en material, con bloqueo completo del comercio, con ruptura completa de relaciones diplomáticas, etc.) a la que sólo le faltaba el requisito formal de la oficial declaración de guerra.
Sin embargo esa formidable coalición pudo ser vencida gracias al heroísmo de las masas rusas que, entre otros muchos recursos, tuvieron la suerte histórica de contar además con la enérgica y clarividente dirección de Lenin. Y con el genio político-militar de Trotsky, que fue quien -nombrado Comisario de la Guerra y Presidente del Supremo Consejo de Guerra a mediados de marzo de 1918- creó, organizó y dirigió el Ejército Rojo. Ese Ejército Rojo, creado desde casi la nada, encuadraba tres millones de combatientes a fines de 1919 y cinco millones y medio en el otoño de 1920. En esas sumas figuraba un políticamente valiosísimo componente: un cuarto de millón de combatientes revolucionarios internacionalistas (alemanes, húngaros, polacos, checos, eslovacos, servios, búlgaros, rumanos, chinos, coreanos y representantes de otros pueblos). Ese Ejército Rojo logró la victoria sobre todos sus enemigos. El Estado soviético nacido de la Revolución Rusa se consolidó.
Gracias a la lucha abnegada y heroica, rezumante de valor y de sacrificio, con la que las masas de obreros y campesinos rusos consiguieron la primera gran victoria socialista sobre el huracán de fuego, acero y vileza que los estados capitalistas desencadenaron contra ellas en su intento de reinstaurar la feroz explotación, la salvaje crueldad y la corrupta administración del régimen zarista.
Menos de veinte años después de esa victoria la URSS tuvo que hacer frente a otra feroz embestida capitalista. Una embestida que al principio de los años treinta fue prevista y anunciada, cada uno por su lado, por los dos líderes (Stalin y Trotsky) que entonces se disputaban la dirección del movimiento comunista mundial. La máquina de propaganda interior de la URSS utilizó ampliamente en los años cuarenta, para reforzar el prestigio de Stalin, el recordatorio del acierto de unas palabras suyas que ya habían sido marcadas a fuego en la mente de los ciudadanos soviéticos durante los años treinta por esa máquina propagandística. Unas palabras pronunciadas para justificar los tremendos sacrificios exigidos por la industrialización de la URSS que, increíblemente, iba a levantar un poderío industrial que al final de esa década empezaba a alcanzar al de Alemania. En un discurso de febrero de 1931 (cuando ya estaba usando todos los medios -entre ellos los terroríficos- para acelerar esa industrialización) Stalin explicó que: "Marchábamos 50 o 100 años por detrás de los países más adelantados. En diez años tenemos que ganar este terreno. O lo hacemos o nos aplastan".
Precisando aún más el pronóstico, al indicar específicamente cuál sería el Estado capitalista que haría de punta de lanza para ese intento de aplastar la URSS, Trotsky publicó en abril de 1932 un artículo titulado La victoria de Hitler significaría la guerra contra la URSS.
Y el 22 de junio de 1941 la URSS fue atacada e invadida por el ejército capitalista más fuerte del mundo en ese momento: el ejército de una Alemania que pretendía apoderarse de todo el continente europeo y convertir a la Europa Oriental más la URSS en "la India del Reich", la India del Imperio Alemán de los mil años. (En septiembre de 1941 Hitler explicó en su cuartel general que: "Lo que para Inglaterra ha sido la India, será para nosotros el espacio en el Este"). La Alemania nazi pretendía así ganar por la fuerza, mediante la conquista y la subsiguiente explotación del Este, su competición con los Estados Unidos para substituir a Inglaterra en el papel de potencia hegemónica de la economía-mundo capitalista.
B) Fue la URRS quien derrotó a la Alemania nazi venciéndola a costa de veinte millones de muertos y de una terrible destrucción. Fue USA quien se lucró de esa victoria logrando la hegemonía.
El ejército de la Alemania nazi, que había arrollado y vencido a los ejércitos francés e inglés conquistando Francia en 40 días de ofensiva, que había vencido y conquistado Polonia en menos de 30 días, Dinamarca en unas horas, Holanda y Bélgica en unos días y Noruega en unas pocas semanas, lanzó en tromba cinco millones y medio de soldados y una ingente masa de material bélico sobre la URSS. Hasta mediados de 1944 el 95% de la capacidad bélica alemana se estuvo poniendo en juego en el frente oriental.
Y allí perdió la II Guerra Mundial. Ese frente decisivo para la suerte de la guerra, el soviético-alemán, le costó al ejército nazi el 74% de todas sus bajas. Allí fueron puestas fuera de combate, derrotadas o hechas prisioneras seiscientas siete divisiones alemanas. Tres veces y media más que en los tres frentes italiano, norteafricano y europeo occidental juntos. En ese frente oriental los nazis perdieron hasta el 75% de sus tanques y cañones de asalto disponibles (48 mil unidades), más del 75% de sus aviones de combate (77 mil) y el 74% de su artillería (167 mil piezas). Y fue el Ejército Rojo el que tomó Berlín, la capital del III Reich. Y soldados soviéticos los que colocaron la bandera roja de la hoz y el martillo en lo alto de la Cancillería de Hitler y del Reichstag.
La URSS pagó un terrible precio por esa victoria: veinte millones de muertos, suma de casi catorce millones de soldados y más de seis millones de civiles (dos de cada cinco muertos en la II Guerra Mundial fueron soviéticos). Al acabar la guerra había, en los grupos de edad mayores de dieciocho años, sólo 31 millones de hombres frente a 52 millones de mujeres. Y la URSS había sufrido tremendas destrucciones (el 30% del patrimonio nacional). Que, por ejemplo, dejaron a 25 millones de personas sin hogar al acabar la guerra. La agresión nazi le costó a la URSS la mitad de su potencia económica. Especialmente graves fueron la destrucción de la vital industria pesada de la cuenca del Donets, en la que además se había producido la inundación total de las minas de carbón, y la devastación de las zonas agrícolas de Ucrania y Bielorrusia. Estos hechos son de importancia capital para calibrar la relación de fuerzas entre la URSS y los Estados Unidos al acabar la II Guerra Mundial. Porque, además de haber mantenido intacto su territorio, los Estados Unidos tomaron posesión (junto con sus aliados ingleses y franceses) de toda la potencia industrial alemana de los sectores del oeste. Lo cual supuso cerca de las dos terceras partes de la industria alemana que, pese a todos los bombardeos sólo había sufrido una destrucción del 25%.
El precio pagado por la URSS, repito, fue terrible. Pero la victoria soviética salvó a Europa de la locura criminal y del terror fascista y supuso el segundo gran fracaso capitalista en el empeño de aplastar la Revolución Rusa.
En ese mismo momento la barbarie capitalista, ahora en su versión norteamericana, estaba ya planificando un nuevo ataque al Estado surgido de la Revolución Rusa de Octubre de 1917. Ese ataque, esa "cruzada anticomunista" que pasará a la Historia con el nombre de guerra fría, es el que conseguido la derrota y la desaparición de la URSS.
C) U.S.A. venció a la URSS del "socialismo real" gastando dinero que enriquecía a las multinacionales del complejo militar-industrial.
Esa cruzada abanderada por los yanquis no iba a hacerse, al menos en un primer momento, en forma de guerra abierta y declarada a la URSS. En primer lugar porque los yanquis sabían que no había peligro de ataque inminente soviético. Y en segundo lugar porque, a pesar de la práctica invulnerabilidad que se mantenía para el territorio norteamericano dada su aplastante superioridad naval y la superioridad tecnológica de su armamento (incluido el monopolio atómico), todavía se extendía entonces hasta Alemania y Austria el poderoso Ejército Rojo que había vencido a la formidable máquina de guerra nazi y no era cuestión de buscarle las cosquillas sin necesidad.
Pero cuando el 29 de agosto de 1949 la URSS detonó su primera bomba atómica en Asia Central, rompiendo el monopolio nuclear yanqui, los Estados Unidos se encontraron bruscamente ante el hecho de que el riesgo del ataque soviético que habían estado exagerando y falsificando tenía ya un soporte tecnológico temible. Redoblaron su rearme, redoblaron su "cruzada" ideológica. Y fueron cayendo en la cuenta de que el tercer intento capitalista de aplastar la Revolución Rusa no podría ser una guerra como la de los dos intentos anteriores. No podría ser una "guerra caliente". Tendría que ser la guerra fría.
Esa guerra fría lo fue sólo en cuanto a que no hubo choques directos, declarados y públicos entre norteamericanos y soviéticos. Pero se derramó mucha caliente sangre en choques secretos y en docenas de escenarios del planeta en los que unos y otros o sus aliados se enfrentaron con fuerzas concretas que representaban o eran aliadas del otro bando. Recuerda Grecia, China, Corea, Vietnam, Congo, Angola, Etiopía, etc., etc. Será útil tener en cuenta al respecto, cuando se oye a los propagandistas de la OTAN presumir de que su existencia ha evitado los desastres de una guerra a Europa, que es cierto que no hubo guerra total en Europa pero que después de 1945 han muerto en combate siete millones doscientos mil soldados y entre veinticinco y treinta y tres millones de civiles implicados en los mismos. Pero lo que realmente importa es entender que los Estados Unidos plantearon esa guerra como una durísima carrera de armamentos en la que el dinero a gastar era el arma decisiva. Y la que finalmente les dio la victoria a la vez que facilitó el fantástico enriquecimiento de las empresas capitalistas que consiguieron los pingües contratos del Pentágono para fabricar ese armamento. Contratos conseguidos por esas empresas gracias a sus relaciones con los militares yanquis de alta graduación, muchos de los cuales pasan a ser, al retirarse, altos cargos de las mismas empresas a las que han encargado esos contratos. Que ellos se encargan de renovar con la facilidad que para ello supone el que los militares que les han substituido en el Pentágono son normalmente antiguos subordinados suyos a quienes ayudaron a subir en sus carreras.
Los Estados Unidos jugaron la baza de su superioridad económica en una insensata carrera de armamentos. ¿Cuánto dinero gastaron en ella?. Desde 1949 a 1989 el presupuesto total de las fuerzas armadas norteamericanas gastado por el Pentágono ha sumado la absurda cantidad de ocho billones trescientos mil millones de dólares (8.300.000.000.000 $). Para hacernos una idea de lo que significa esa cantidad, que está medida en dólares de 1982, hay que calibrar que es claramente superior al valor de la totalidad de las plantas y de los equipos de la industria civil y de la infraestructura de los Estados Unidos que en 1982 sumaba siete billones trescientos mil millones de dólares. Lo cual significa que el Gobierno norteamericano ha hecho un terrible e insensato derroche de recursos y de energía en fabricar armas. Es decir, ha dedicado a fabricar productos que son inútiles para la vida, que sólo sirven para destruir a otros al gastarlas o al destruirse a sí mismas, más capital del que habría necesitado para substituir (o doblar) la inmensa mayor parte de la maquinaria y de las estructuras de su país.
Veamos otro elemento de comparación del fantástico despilfarro yanqui en esa carrera de armamentos: en todos los años transcurridos desde 1951 a 1990 el presupuesto del Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha superado los beneficios netos combinados de todas las empresas norteamericanas. Y el proceso de generación, ejecución y control de ese gasto militar ha llevado a una situación en la que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos controla la mayor parte del capital generado en el país, a más de 30.000 empresas contratistas del Pentágono y unas 100.000 empresas subcontratistas que también trabajan para él. Que igualmente controla al mayor número de personas dedicadas a lo que se llama I+D (investigación+desarrollo) y al mayor número de ingenieros y de trabajadores del sector productivo. A la vista de lo cual no parece exagerado que un profesor de la Universidad de Columbia haya definido a los Estados Unidos de hoy como un régimen de capitalismo militar de Estado.
Lo que ahora es importante sacar en limpio de todo esto es el enorme esfuerzo y la enorme carga que para la URSS tuvo que suponer el gasto necesario para mantener el paso en esa carrera de armamentos teniendo en cuenta que la economía global norteamericana era varias veces mayor que la soviética. Por lo que un gasto igual o parecido al que hacían los yanquis suponía un porcentaje mucho mayor de su producción nacional para los soviéticos. Y, por tanto, un sacrificio mucho mayor. Recuérdese el conocido dilema: cañones o mantequilla. Los recursos de un país son los que son. Cuanto mayor parte de ellos se dediquen a fabricar cañones menos quedan para fabricar mantequilla. Y donde se dice mantequilla se quiere decir todo tipo de bienes y servicios para atender a las necesidades de la población (alimentos, viviendas, escuelas, automóviles, electrodomésticos, juguetes, etc.).
A costa de esos sacrificios la URSS consiguió mantener el paso en la carrera, evitando así el peligro de que Estados Unidos pudiera impunemente destruirla por la fuerza. El genio ruso consiguió incluso éxitos espectaculares en esa competición. En agosto de 1957 realizó con éxito las pruebas del primer misil balístico intercontinental, rubricadas con el lanzamiento del primer satélite artificial de la Tierra en octubre del mismo año y realizando el 2 de enero de 1959 el primer vuelo interplanetario al lanzar un cohete hacia la Luna. Resultó así evidente que los Estados Unidos habían perdido la invulnerabilidad geográfica que durante la II Guerra Mundial había mantenido a su territorio a salvo de las destrucciones de la guerra, forjando así su hegemonía económica de la postguerra.
Esos éxitos alarmaron y asustaron notablemente a los norteamericanos. Y los Estados Unidos volcaron su gigantesca capacidad industrial y económica en redoblar sus esfuerzos para la carrera de armamentos creando una trinidad de armas estratégicas: misiles balísticos intercontinentales protegidos en silos subterráneos diseminados, submarinos atómicos portacohetes con cargas nucleares y bombarderos pesados de largo alcance. La URSS hubo de hacer de nuevo otro gigantesco esfuerzo (nuevamente más pesado para ella que el suyo para los yanquis) hasta conseguir en los años setenta una paridad estratégica, un empate en la capacidad -e inevitabilidad- de destrucción mutua.
En los años ochenta, en las dos presidencias Reagan, los Estados Unidos forzaron de nuevo el ritmo. Gastaron en esos ocho años dos billones cien mil millones de dólares en su renovado esfuerzo militar que ahora incluía la amenaza de la "guerra de las galaxias". Ello forzó a la URSS a gastar aún más (dos billones trescientos mil millones de dólares) en esa carrera. Fue demasiado. Acabó de romper el espinazo de la economía soviética, ya maltrecho por el desmesurado esfuerzo de los treinta años anteriores. Gorbachov tiró la toalla, se rindió y trató de convertirse en el amigo y aliado pedigüeño de los vencedores Estados Unidos. Previa conversión de la URSS al capitalismo.
Esa es una lectura necesaria de la URSS. La de que, finalmente -después de más de setenta años- y al tercer gran envite, los Estados capitalistas del planeta han aplastado al Estado surgido de la Revolución Rusa. Que durante esos más de setenta años los Estados capitalistas han sido capaces de aumentar su poder aumentando la miseria y la pobreza en todo el planeta mediante una sobreexplotación incrementada. Que ese aumento del número y la miseria de los pobres en el planeta ha hecho más ricos y poderosos a los Estados capitalistas centrales. Y que por eso los Estados capitalistas han demostrado ser más fuertes que los Estados que intentaban ser o que decían que intentaban ser socialistas en Europa oriental. Que, en definitiva, el socialismo no tuvo el poder ni el acierto suficientes como para consolidarse en Europa. Lo que no es ciertamente lo mismo que demostrar que el capitalismo es mejor que el socialismo.
Aportados así los datos y hechos que explican los factores exógenos del hundimiento de la URSS, retomo la transcripción de la contestación de Iñaki Gil de San Vicente a la pregunta ¿QUÉ LE HA HECHO FRACASAR A ESE SOCIALISMO?
Dice Iñaki:
"Lo que sí tenemos que dejar claro es que ya desde los primeros días de la revolución se dieron dentro de los bolcheviques y en general, en todas las corrientes socialistas y revolucionarias, vitales discusiones teóricas sobre cinco problemas prácticos de importancia estratégica no sólo para la URSS, sino para todos los procesos revolucionarios prácticamente desde 1848. Fueron estas:
1ª el debate sobre las formas y contenidos socioeconómicos de la transición al socialismo; el sentido de la planificación económica; la función del dinero y la cuestión de los precios; la lenta extinción de la producción de mercancías; la intervención y el control obrero en la planificación socioeconómica; la cuestión agraria, etc.
2ª el debate sobre la democracia obrera y la dictadura del proletariado como antagónicos a la dictadura de la burguesía y a la democracia capitalista; la función del Estado como instrumento en proceso de extinción; las relaciones del Estado con los sindicatos y soviets, y con los propios partidos revolucionarios, etc.
3ª el debate sobre la cuestión nacional y el derecho a la independencia de los pueblos; el centralismo, federalismo o confederalismo de la democracia obrera y sus relaciones económicas; el problema de las lenguas y del desarrollo de las culturas, etc.
4ª el debate sobre el internacionalismo socialista como antagónico a la internacionalización del capital; la viabilidad del "socialismo en un sólo país"; las relaciones entre organizaciones revolucionarias estatales y/o nacionales, etc.
5ª el debate sobre la propia "sociedad socialista" como cualitativamente superior a la capitalista; el problema de la alienación; el problema de la opresión de la mujer y del patriarcado; la función de la religión y de la ciencia, del ateísmo; la función de la ética y de la moral, etc.
No podemos extendernos ahora sobre el problema de las reivindicaciones ecologistas y medioambientalistas, que también se dieron en la URSS, y por lo común, en bastantes sitios aunque con una gran debilidad.
En la URSS se discutió ampliamente sobre todo ello hasta que se impuso una terrible censura que prohibió textos de Marx y no publicó manuscritos fundamentales de su época más fructífera, su edad madura, que ahora están como legajos polvorientos en los sótanos del cerrado y clausurado Instituto Marx-Engels de Moscú. Lenin también fue censurado a la vez que tergiversado. ¿Para qué seguir?
Cada uno de esos problemas reales y todos ellos a la vez aceleraron las sucesivas crisis del socialismo stalinista de modo que periódicamente se ensayaban reformas e intentos de reformas. No podemos hacer ahora un repaso de todas ellas, sino enumerar sus tres constantes:
A lo largo de esta experiencia han pugnado siempre dos corrientes del PCUS: una que pretendía acercarse a la llamada "economía socialista de mercado", es decir, compaginar capitalismo y "socialismo", y otra que pretendía mantener los fundamentos dogmáticos del "socialismo" elaborado en los momentos del esplendor stalinista.
Precisamente, una de las diferencias de Cuba al respecto radica en que está sabiendo superar -¿hasta cuando?- por ahora esas características mediante la movilización de masas y la apertura del partido.
Como consecuencia de todo lo anterior, en la URSS y en la inmensa mayoría de "Estados socialistas" para finales de los años setenta la situación era ya alarmante en los siguientes diez puntos centrales:
1) obsolescencia industrial en infraestructuras, su rendimiento, optimización de recursos, racionalización y rentabilidad productiva.
2) atraso tecno-científico creciente con respecto al imperialismo que para comienzos de los ochenta era aproximadamente de una veintena de años, aunque no en tecnología militar, astronomía y ciencia pura.
3) caos y desorden total en las infinitas contabilidades, en la planificación de los pedidos de materias e ínsumos, costos y precios resultantes, unido al gigantismo burocrático, al enconamiento de sus disputas y diferencias internas y al aumento de la corrupción.
4) militarización masiva de la economía y supeditación a ella de la producción de bienes de consumo básicos, con los efectos de desequilibrio estructural creciente que ello acarrea.
5) endeudamiento creciente hacia el imperialismo vía préstamos del FMI, BM y banca capitalista privada, a la vez que ahondamiento de la sima por debajo del rublo hipervalorizado.
6) crisis ecológica escalofriante de efectos acumulativos.
7) retroceso alarmante en las condiciones de vida y trabajo de las masas, aumento del paro encubierto, retroceso objetivo en sanidad y educación.
8) deslegitimación profunda del socialismo en su totalidad y fortalecimiento de todas las lacras y vicios inseparables del dinero en cuanto amo absoluto.
9) debilidad estructural incontenible frente al imperialismo envalentonado y decidido a todo, que endurece su ofensiva a comienzos de los ochenta.
10) fortalecimiento de las aspiraciones y tendencias procapitalistas de la casta burocrática dominante.
En estas condiciones estructurales, de fondo y de forma, el socialismo stalinista es incapaz a lo largo de la década de los ochenta de dar una respuesta al capitalismo. Es más, incluso un capitalismo azotado por una severa crisis de onda larga, que justo consigue una intensa pero transitoria recuperación parcial de pocos años, puede torear y humillar reiteradamente a todo el bloque socialista, China incluida.
A inicios de los noventa se consuma el desastre y el PCUS es ilegalizado por sus propios dirigentes máximos en el verano de 1991, algo más de seis años después del inicio de la perestroika. Antes de la caída del PCUS han caído uno tras otro todos los "Estados socialistas" europeos y se encuentran en grave situación en resto. Tendríamos que hacer aquí un análisis más detenido de China y Cuba, pero no tenemos espacio para ello.
Sin el PCUS y la dogmática "marxista-leninista", la burocracia puede ya liquidar implacablemente los restos históricos cualitativos de la Revolución de Octubre: la supresión de la propiedad privada de los medios de producción. Ahora, en la Federación Rusa, en la Confederación de Estados Independientes y en casi todos los ex-"Estados socialistas", a excepción de Cuba, Vietnam y algún otro, se está produciendo la reinstauración traumática y feroz del derecho de una minoría al control, posesión y propiedad privada de los medios de producción.
Esa minoría no es otra que la casta burocrática formada en la URSS desde finales de los años veinte, en la Europa del este desde 1947 por lo general, en China desde mediados de los años cincuenta y con más intensidad desde mediados de los setenta, etc. Esa casta veía decrecer sus ingresos y esperaba -espera- recuperarlos y acrecentarlos expropiando los medios de producción, privatizándolos, expulsando trabajadores y vendiéndose al capital extranjero.
Dicho de forma muy resumida: ha fracasado porque la casta burocrática quiere convertirse en clase burguesa."
Hasta aquí la explicación que Iñaki Gil de San Vicente hace del fracaso del socialismo stalinista. Ahora bien, el título de esta ponencia incluye el tema de la reconstrucción de la alternativa comunista. De cara a ella conviene que nos preguntemos si junto al fracaso de los cuatro socialismos de los que hemos hablado (el socialismo utópico, el socialismo de la II Internacional o socialdemocracia, el socialismo eurocomunista y el socialismo stalinista o soviético) ha fracasado también el marxismo.
La dedicación que ya hemos hecho de buena parte de esta ponencia a demostrar que Marx tenía razón es una pista clara de que los compañeros de la RED VASCA ROJA no pensamos en absoluto que el marxismo haya fracasado. Pero es que ahora vamos a añadir algo más que tiene importancia vital para la reconstrucción de la alternativa comunista Vamos a añadir (y explicar) que el marxismo no ha fracasado ni ha podido fracasar. Y que no ha podido hacerlo porque el marxismo originario aún no ha terminado de ser conocido en su totalidad material y teórica. ¿Cómo puede fracasar una cosa que aún no ha terminado de ser editada, conocida, estudiada, criticada y aplicada?.
Transcribo, para exponer este punto, una parte de la primera redacción (fechada el 20 de septiembre de 1996) de un texto de Iñaki Gil de San Vicente que está terminado de perfilar para su pronta publicación en la web de la RED VASCA ROJA.